Volvió Boca, el análisis del triunfo ante Lanús

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Se recuperó con una victoria ante el Granate en la que mostró a varios chicos y a Pavón en gran nivel. Fue un regalo para la gente que hizo latir a la Bombonera, bancó a los pibes e insultó a la Conmebol por las sanciones.

Ahora sí es oficial: volvió el público. Hay un decreto, hubo partidos desde la semana pasada, pero la gente realmente volvió cuando lo hizo a la Bombonera. Y esta vuelta es, sin dudas, la mejor noticia de todas. Incluso por encima de una goleada que debió ser mayor y que fue el mejor regalo. Si hubo un equipo que sufrió la falta de su gente, ése fue Boca. Porque es la hinchada que más alienta, la más respetada por los rivales, la que más influye, la más reconocida, por supuesto la más grande de la Argentina. El templo late a través de su gente que activa el cemento, lo hace vibrar, provoca ese terremoto indescriptible en el campo. Sin ellos, ese estadio mítico es una maravilla arquitectónica. Ni más ni menos.

¿Por qué es tan importante esta vuelta? Porque la Bombonera habla. Dice con sus cantos, con sus gritos, con su indiferencia o con sus murmullos. Marca el camino. Opina. Es la voz genuina del hincha (del hincha de verdad, se entiende). Cuando Vázquez clavó el tercer gol, una definición extraordinaria con frialdad y clase, la gente estalló con el «vamos vamos los pibes» que marca dónde están sus preferencias, a quién elige bancar. Para ese momento, Boca había dado vuelta el partido en una muestra de autoridad y cabeza cuando el ojo estaba puesto en la reacción anímica después de una caída fea en el Superclásico. Y lo había hecho con goles de dos pibes: Weigandt y Almendra. Los aplausos a Molinas cada vez que se acercaba a patear un córner fueron una muestra más de su elección.

¿Fue una ocurrencia de la gente, un grito al pasar, un premio coyuntural? No, claro que no. Lo que marca el hincha de Boca es que prefiere a Weigandt (top en el aplausómetro con Izquierdoz) por encima de Advíncula, a Vázquez en lugar de Orsini y a Molinas antes que a Cardona (murmullos en el anuncio de la formación). Un golpe de azar (la convocatoria del peruano, la lesión de los otros dos), siempre necesario, los puso a los tres en cancha. Como al endiablado Pavón, desequilibrante por todos lados, y no a Briasco (iba a ser titular y se lo perdió por unas líneas de fiebre). A veces, el destino pone las cosas en su lugar y corrige los errores. Habrá que ver qué hace Battaglia la próxima vez que tenga a todos disponibles, pero ahora no sólo escuchará las voces del Consejo sino también las de la Bombonera.

El caso más polémico de los cuatro es el del colombiano. Se enchufó un rato y tuvo dos intervenciones decisivas en los goles (un centro medido, un taco que terminó en el golazo de Almendra). Pero la realidad es que, con Edwin en cancha, Boca tiene un fútbol de electroshock, de sacudones. Mientras que con Molinas hay corriente continua porque el pibe no para de jugar, se muestra, se hace eje, involucra a todos, la toca y enseguida la pide, le da otra velocidad al juego: lo hace dinámico, fresco. Dan ganas de ver a ese Boca del segundo tiempo que sometió a Lanús, que lo bailó, que sufrió un ratito por un gol fuera de contexto y que cerró la noche con el 4-2 generado por una de sus figuras (Weigandt) y definido por la otra (Pavón).

Un rato antes del partido, la Bombonera también había hablado pero de las decisiones tremendas de una Corrupbol que sacó a Boca de la Libertadores pasada y que lo condiciona para la que viene. Si hacen falta sanciones ejemplares, qué mejor ejemplo que castigar al club más grande de América. Quitarle a Boca a Villa y a Pavón de toda la fase de grupos, y a la dupla central durante casi toda, es una pena excesiva que no toma en cuenta el estado de alteración de los jugadores luego de un robo a la vista del mundo y de las provocaciones que ya había anunciado el impresentable presidente del Mineiro. La explosión de la hinchada («la Conmebol, la Conmebol, se va a a la puta que lo parió») responde al cansancio de un organismo que parece ensañado con Boca, al que ya viene perjudicando desde hace años con sus fallos. Dentro de la mala, eso sí, hay lugar para una buena: que Cascini y Delgado hayan sido suspendidos por dos años llevará necesariamente a que el plantel sea acompañado por gente que esté a la altura de la responsabilidad.

Volvió el público y Boca volvió a ser Boca. Completó su alma. Ahora, a pelearla contra todos. Hay que entrar a la próxima Libertadores, hay que tratar de ganar la Copa Argentina. El camino parece estar claro. El que quiera oír…

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