Con un atraso del 12%en el surtidor las petroleras esperan poder aumentar el combustible en enero

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Si bien aún no se registran problemas serios en el suministro, durante el último mes se empezaron a registrar faltantes puntuales en varias estaciones de la región metropolitana de Buenos Aires. El estrés logístico no es un inconveniente que aqueje sólo a la petrolera que preside Pablo González. El resto de los refinadores —Raízen (Shell), Axion Energy y Puma (Trafigura), Depsa, Gulf y Voy, entre otros— también están complicados.

Sucede que, como los precios de venta están congelados, a las petroleras se les hace cada vez más costoso importar a pérdida combustibles para abastecer su red local. YPF, por caso, trae del exterior unos 160.000 metros cúbicos (m3) mensuales de gasoil de alto octanaje. La petrolera bajo control estatal licúa el costo a pérdida de esa importación en su masa total de ventas, pero en los últimos meses ese proceso se hizo cada vez más complejo por el encarecimiento del Brent y los derivados del crudo. Entre otros motivos, eso explica por qué las petroleras tratan de cuidar al detalle la logística de combustibles para no vender un litro más de lo que estrictamente se necesita para mantener abastecido el mercado.

“Estamos trabajando con stocks de inventario equivalentes al 40% de lo que usualmente tenemos. Con estos precios, hoy es preferible no vender y esperar a ver qué pasa en la primera semana de enero, cuando debería haber algún movimiento”, reconoció el gerente de Planeamiento de una petrolera.

El atraso del importe de los combustibles en los surtidores locales es del 12%, según coincidieron tres altos directivos de empresas refinadoras consultados al respecto y sin tipo de contacto entre sí. Para ser más preciso, eso es lo que debería incrementarse el precio de las naftas y gasoil para recuperar el margen de refinación que tenían las petroleras en mayo, cuando se registró la última suba en las pizarras de las estaciones de servicio. Desde ese mes se mantiene un congelamiento —acordado de manera extraoficial entre YPF y el gobierno— que ya se extiende por siete meses.

En ese lapso, todas las variables que afectan el negocio subieron:

El tipo de cambio se elevó un 6,6% y para los próximos se espera una aceleración del ritmo devaluatorio, al menos en línea con la inflación.  

El crudo local se comercializa en los contratos que definen el precio del crudo que se entregará en enero un 8% más caro en promedio del importe que regía en mayo. El petróleo Medanito, de Neuquén, que se vendía entre 53 y 55 dólares por barril, hoy se llega a pagar 57 o 58 dólares (la media sigue siendo 55 dólares). Al mismo tiempo, el precio del Brent, que funciona como parámetro global para definir el precio local, se incrementó desde mayo un 22 por ciento y presiona a una suba del precio interno del barril.

El precio regulado del biodiesel que se corta con gasoil, que es definido por la Secretaría de Energía, aumentó un 38%. En tanto que el importe del bioetanol que se mezcla con las naftas, se elevó un 16 por ciento.

Por último, el componente impositivo que grava la venta de naftas y gasoil, que está dado por el Impuesto a los Combustibles Líquidos (ICL) y al Dióxido de Carbono, aumentó un 6,7% desde junio. Con una salvedad importante: para mantener el congelamiento en los surtidores, el gobierno decidió postergar dos actualizaciones trimestrales de los impuestos que debían aplicarse en septiembre y diciembre. A raíz de eso, se generó un fuerte atraso impositivo, que solamente en ese ítem llega al 10% del precio final de las naftas y gasoil. Es decir, para trasladar la suba del ICL y del Impuesto al CO2 que está pendiente de los últimos seis meses, los combustibles deberían aumentar un 10% el próximo 1º de marzo (la fecha en que debería aplicarse la nueva actualización trimestral).

Además, la inflación registrada desde junio ronda un 20%, lo que impacta de lleno en los costos laborales del sector de refinación.

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